En voz bajita le dijo te quiero, acompañado de una caricia por debajo de la mesa. Sus ojos se tornaron cristalinos, somatizando su felicidad, y el corazòn, marchito de desiluciones, empezaba a florecer nuevamente y a latir por un ùnico motivo; por èl.Hoy, està màs allà de las nubes que elige, màs allà del trueno y de la tierra firme, recorre el confort, las estrecheces que quedaron atràs y es razonable que reclame la vida que merece·
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